Un réquiem para Chavela

Murió Chavela Vargas, murió la “Gran Chamana”.

Una mujer que vendió un estilo de canción, una mujer cuya voz aguardientosa te invitaba a brindar con un tequila, una mujer que amo al país que la adoptó, México, como al propio, una mujer que se va y se lleva consigo toda una historia de música latinoamericana.

Ayer  5 de agosto, al filo del mediodía, Isabel Vargas Lizano, Doña Chavela Vargas, dejó este mundo llevándose a México en el corazón, víctima de diversos problemas cardiacos, pulmonares y renales. Murió de 93 años de edad.

Nacida en Costa Rica, de quien luego dijo solo tenía “tristes recuerdos”, Chavela Vargas llegó a México cuando tenía 17 años para convertirlo en su país y proclamarse mexicana. A mediados de siglo pasado, Chavela se convirtió en la primera mujer cantante del género ranchero en el país, algo que causó revuelo entonces.  Chavela, con su música, le quitó lo alegre a las rancheras al prescindir del mariachi, y lo mostró con toda su crudeza; con solo una guitarra mostró lo verdaderamente desgarrador que son algunas de las canciones mexicanas, principalmente de José Alfredo Jiménez, de quien fue una ferviente intérprete.

En este mismo espacio, le escribí un artículo relacionado al manejo de las redes sociales que hacía, especialmente Twitter, en dónde decía, que Chavela seguía, a pesar de su edad, rompiendo las barreras generacionales para conquistar una nueva generación que la recibió en la red con gusto. A ese escrito, Chavela Vargas, porque me gusta pensar que fue ella quien lo hizo, me respondió vía Twitter agradeciéndome el escrito y compartiéndolo con sus seguidores.

Hablar de la vida de Chavela, sería hablar de un largo tema que es imposible copilar en un escrito y que se puede resumir diciendo que Chavela vivió y cantó como quiso, y por ende fue feliz. Será imposible olvidarle, olvidar a la mujer de pelo de plata y carne morena, como la inmortalizó Sabina en “el bulevar de los sueños rotos”, que llevó la música de José Alfredo y otros más, alrededor del mundo, enfundada siempre en su poncho rojo.

Adiós Chavela, y gracias por seguir siendo esa gran mujer que pos el misticismo que siempre te rodeó, seguiste cautivando generaciones convirtiéndote, tal vez sin quererlo, en el gran mito que hoy, con tu partida, se inmortaliza con letras de oro en el sentir nacional. Hasta pronto Chavela. Buen viaje.

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