Medina: el adiós a un gobernador que nunca quiso serlo.

En los últimos cien años, Nuevo León ha tenido 56 gobernantes encabezando el Ejecutivo Estatal; 56 ciudadanos con la posibilidad real e histórica de generar un cambio.

Cuando concluí en ese dato me puse a pensar sobre lo bien que se ha de sentir estar entre los poquísimos elegidos para ostentar ese puesto. ¡Caray!, el ser elector Gobernador, por sí mismo, debe de ser una alegría inconmensurable, un acontecimiento que debe marcar un parteaguas en la vida del agraciado, mantenerlo siempre motivado, siempre vigilante, siempre activo, claro, solo en el caso que realmente quiera ocupar ese cargo.

Lo anterior lo comento luego que este 3 de octubre, a las 11:59 de la noche, dejará el cargo de Gobernador uno de los individuos más grises e ineficientes que mi tierra ha tenido, Rodrigo Medina de la Cruz, el niño bonito que en aquel lejano 2009 conquistó a las señoras y se coló, de ser un desconocido, a manejar los destinos de 4.6 millones de habitantes, un Gobernador pues, que a la distancia, pareciera que nunca quiso serlo.

No encuentro otra explicación medianamente lógica a su falta de acción, a su actitud siempre fría, siempre como de “mala gana”, como un Godinez que no disfruta su trabajo y solo espera la fecha de pago para sentirse aliviado. Podrán ustedes llamarme exagerado, pero para mal de Nuevo León, esta opinión es generalizada entre muchos de los que aquí vivimos.

Tan generalizada estuvo esa opinión, que en las pasadas elecciones, el triunfo de “El Bronco” debemos interpretarlo como una clara venganza ciudadana hacia Medina y su proyecto, como una revancha sobre 2009, como el cobro por su mala gestión.

Campaña Rodrigo Medina 2009

Y es que conforme fue pasando su administración, Rodrigo Medina fue de escándalo en escándalo, siempre con respuestas frías, aburridas, poco carismático y más bien siempre cauto de qué decir, y qué no responder.

Así se le vio con el azote del huracán Alex, recién inició su mandato; igual se le vio cuando en pleno 2010 la ola de violencia azotó el país entero; cuando ocurrió la tragedia en el Casino Royal; cuando el robo de miles de placas que aún hoy sigue impune; cuando la deuda fue creciendo hasta alcanzar 64 mil millones de pesos; cuando las obras del metro fueron retrasándose hasta lo insoportable, en fin, así fue su actitud los últimos seis años.

Rodrigo Medina de la Cruz no quería ser Gobernador, y si lo quería, no lo demostró durante los 72 meses que duró su mandato. Es triste, porque con más visión, con mejores resultados, probablemente hoy el joven político hubiera terminado su sexenio con un montón de ofertas para seguir engrosando su carrera política, no con la amenaza de juicio político con el que se despide, porque reconozcámoslo, cuando un gobernante hace bien su trabajo, hasta la oposición se lo reconoce.

Se termina, por fin, el Medinato. Se va el Gobernador por la puerta trasera, como un fantasma que terminará en los libros de historia en calidad de bulto, solo como referente histórico de un periodo estéril comprendido entre 2009 y 2015.

2 comentarios sobre “Medina: el adiós a un gobernador que nunca quiso serlo.

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